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Las señas: cómo funcionan las direcciones en Costa Rica

Acá casi nada tiene número de casa. Una dirección es un punto conocido, unos metros y un rumbo. Cómo se leen, qué significan las palabras y cómo llegar sin dar vueltas.

¿Por qué las direcciones en Costa Rica no llevan número?

Porque el país nunca adoptó la costumbre de numerar las casas. Una dirección costarricense —acá se les dice «las señas»— se arma con tres piezas: un punto que todo el mundo del lugar conoce, una cantidad de metros y un rumbo.

«Del parque, 200 metros al sur y 50 al este, casa verde a mano derecha.» Eso es una dirección completa. Con eso llega el correo, llega el taxi y llega el repartidor. No hay calle ni número porque no hacen falta: la referencia hace el trabajo.

Suena raro la primera vez y después tiene bastante sentido, porque describe cómo uno camina de verdad hacia un lugar.

¿Qué significa «200 metros al sur»?

Dos cuadras hacia el sur. Y esta es la clave que le va a destrabar todo lo demás:

Nadie está contando pasos. «Metros» acá quiere decir cuadras y se cuenta en múltiplos de cien. Si le dicen «300 metros al norte», usted cuenta tres esquinas hacia el norte, no mira el odómetro.

De vez en cuando va a oír «varas» en vez de metros, sobre todo de gente mayor. Es una medida vieja, un poco más corta que el metro, y para efectos prácticos se cuenta igual: cien varas es una cuadra.

¿Y los puntos cardinales? Yo no ando con brújula.

Nadie anda con brújula, pero todo el mundo sabe para dónde queda el norte porque lo aprendió con la montaña o con el mar de referencia. En el Valle Central, la cordillera está al norte; en la costa, uno sabe dónde está el agua.

Si no lo tiene claro, tiene dos salidas y las dos son legítimas: mirar la brújula del teléfono un segundo, o preguntar. Preguntar «¿para dónde es el sur?» en una pulpería no le va a parecer ridículo a nadie. Preguntar direcciones es completamente normal acá y la gente contesta con ganas.

¿Y si el punto de referencia ya no existe?

Ahí es donde la cosa se vuelve folclórica, y hay que decirlo porque le va a pasar.

Las señas se congelaron en el momento en que se inventaron. Si el punto de referencia era un árbol y el árbol se cayó hace veinte años, la dirección sigue diciendo el árbol. «Del higuerón, 200 metros al este» es la seña clásica justamente por eso: mucha gente la da y no queda ni el tronco.

Lo mismo pasa con negocios que cerraron. En San José hay toda una zona que se llama «la Coca-Cola» por una fábrica embotelladora que cerró hace décadas. Se sigue llamando así. Va a oír «donde estaba el ICE viejo», «donde era el cine», «frente a lo que fue el banco».

Para un vecino esto no es un problema: la referencia se volvió el nombre del lugar. Para usted sí lo es, y la solución no es adivinar. Es preguntar.

¿Cómo hago para llegar de verdad, sin dar vueltas?

Cuatro cosas, en orden de utilidad:

  1. Pida la ubicación por WhatsApp. Es lo que hace todo el mundo acá, ticos incluidos. Le escribe al lugar, le pide «¿me manda la ubicación?», y le llega un punto que se abre en el mapa. Se acabó el problema. Por eso cada ficha de este sitio trae el WhatsApp del dueño de frente: no es solo para reservar, es para esto. Y trae también las coordenadas y las señas escritas, así que puede ir por donde le sirva.
  2. Waze. En Costa Rica se usa muchísimo y muchos negocios están registrados por su nombre. Buscar el nombre del hotel suele funcionar mejor que escribir una dirección. Eso sí: si lo manda por un camino que se ve mal, no le crea ciegamente — eso está explicado en la guía de alquilar carro.
  3. Pregunte en la bomba o en la pulpería. Son los dos lugares del pueblo donde siempre hay alguien que sabe. Diga el nombre del lugar, no las señas: «¿dónde queda el hotel tal?» funciona mejor que recitar los metros.
  4. Llame. Si ya está cerca y no lo encuentra, llame y describa lo que ve. En treinta segundos lo enderezan.

El vocabulario que hay que entender

Estas palabras aparecen en casi toda seña. Vale la pena reconocerlas:

¿Y San José, que sí tiene calles y avenidas numeradas?

Las tiene y casi nadie las usa para hablar. El centro está trazado con avenidas que van este–oeste y calles que van norte–sur, con números, y esa cuadrícula sí sirve para orientarse en un mapa. Pero si le pregunta a alguien en la calle, le va a contestar con señas igual: «de la esquina del Correo, 100 al sur».

Los códigos postales también existen. Sirven para el correo formal y para llenar un formulario, y nadie los usa para encontrar una casa.

¿Y cuando yo tenga que dar mi dirección?

Le va a tocar: al pedir un taxi, al reservar un tour que lo recoge, al pedir comida. La forma que funciona es la misma que usan acá.

Diga el nombre del hospedaje primero, después el pueblo, y después la seña si la tiene. «Estoy en el hotel tal, en Sámara, frente a la escuela.» Si no se acuerda de la seña, mande la ubicación por WhatsApp y ya. Y si va a esperar a alguien que lo recoge, esté afuera y visible: buscándolo en un portón sin número se pierde más tiempo del que uno cree.

Lo mínimo que hay que recordar

  1. Cien metros es una cuadra, no cien metros.
  2. Las señas se cuentan desde un punto conocido, en cuadras y en rumbo.
  3. El punto de referencia puede llevar veinte años sin existir. Es normal.
  4. Pedir la ubicación por WhatsApp resuelve el 100% de los casos.
  5. Preguntar en la calle no es de turista perdido, es de tico común.

Y si va a andar buscando lugares por su cuenta, cada ficha de dónde dormir, dónde comer y experiencias trae las señas escritas como se dicen acá, con las coordenadas al lado. Justamente para que estas dos maneras de llegar convivan sin que usted tenga que escoger.

¿Le sirve a alguien más?

Se lo manda por WhatsApp y le llega con la foto y todo.